ACCIÓN POR LA SALUD DE LA MUJER

Confesémoslo: a todas las mujeres nos encanta compartir dudas y experiencias personales sobre cuestiones exclusivamente femeninas. El embarazo y la maternidad son un claro ejemplo. Pero hay muchos otros temas relacionados con aspectos íntimos que habitualmente solo comentamos con las amigas de más confianza, como las molestias asociadas a la menstruación, las disfunciones sexuales, nuestras dudas sobre los anticonceptivos o los síntomas de la menopausia. Y, a no ser que puedan afectar a nuestra salud, raramente se nos ocurre comentarlos con el médico, excepto en el caso de que nuestra ginecóloga sea, precisamente, una de nuestras mejores amigas (una suerte que solo tienen algunas, claro).


Muchas mujeres abordan el conflicto entre el cuidado de los otros y el propio priorizando el primero y olvidándose de sí mismas. Por eso, las mujeres debemos pensarnos desde un espacio psíquico propio que nos permita abordar este conflicto llegando a equilibrios más sanos. Para ello es preciso asentar la premisa de legitimar la importancia de nuestro cuidado. Sólo así podemos explorar nuestras necesidades, atenderlas adecuadamente y ser proactivas en la mejora de nuestra calidad de vida. Resulta esencial tomar conciencia de que reconocer y atender nuestras necesidades nos permite estar en una mejor disposición para hacer frente a las ingentes tareas y a los desafíos que la vida nos demanda.


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