¿Por qué debemos completar los tratamientos nutricionales?


Un tratamiento nutricional adecuado consiste en la determinación del nivel de salud y bienestar de una persona, desde el punto de vista de su nutrición, en el cual se analiza si sus demandas fisiológicas, bioquímicas y metabólicas están o no cubiertas por la ingestión de nutrientes. Dependiendo de esto se hace una recomendación profesional sobre un nuevo estio de vida saludable y una suplementación adecuada seguida conforme a la recomendación.





Una nutrición equilibrada implica un aporte adecuado de nutrientes y energía específico para cada individuo. Todos tenemos distintos requerimientos dependiendo de nuestra edad, sexo, nivel de actividad y estado de salud o enfermedad, por lo tanto, las dietas siempre deben ser personalizadas, o dicho de otra forma, lo que le sirvió a una amiga no necesariamente me va a funcionar a mí.


Además, la evaluación nutricional tiene como objetivos la detección temprana de pacientes con riesgo de malnutrición (por déficit o exceso de nutrientes) y la planificación y control de eficacia de distintos regímenes dietéticos. Un plan nutricional se diferencia de una dieta en el enfoque y en la metodología. No se trata de un menú cerrado a seguir, sino de aportar al paciente la información necesaria para que sea capaz de elaborar su propia dieta diaria (menú) con la elección adecuada de las alternativas que tiene.


Es importante que el paciente conozca el por qué de evitar determinados alimentos y consumir otros.


Estos planes nutricionales son de vital importancia para tratar aspectos como:


  • Ganancia o pérdida de peso. Cuando hablamos de alteraciones de peso es importante que realicemos un estudio adecuado de la composición corporal de la persona, valorando su porcentaje de masa grasa, masa magra y líquidos corporales. Para reducir grasa, ganar músculo y evitar una retención de líquidos excesiva es necesario un balance adecuado de nutrientes y un control calórico en base al consumo calórico que el paciente tenga a lo largo del día.

  • Protección cardiovascular. Enfermedades como la hipertensión, la hipercolesterolemia, la arteriosclerosis o infarto de miocardio, son cada día más frecuentes en edades más tempranas. Para ejercer una prevención o mejorar cualquiera de estas patologías, los hábitos de estilo de vida saludable serán los más importante. Además de equilibrar el aporte de grasas y calorías, debemos de aumentar la cantidad de antioxidantes en nuestra alimentación.

  • Mejora del Sistema Inmunológico. Existen muchas estrategias para mejorar nuestro sistema inmunológico, pero lo primero que tenemos que hacer es retirar aquello que pueda estar alterándolo y estimulándolo, como puede ser un tóxico medioambiental o alimentos al que la persona tenga alergia o intolerancia. Además en el mercado hay productos que nos ayudan inmunomodulando o aportando nutrientes esenciales para su buen funcionamiento.

  • Reducción o control de procesos inflamatorios. Sabemos que la alimentación juega un papel importante en la regulación de la producción de prostanglandinas proinflamatorias y antiinglamatorias, siendo un aspecto fundamental a tener en cuenta en el tratamiento de todas aquellas patologías en las que medien procesos inflamatorios. La inflamación crónica está estrechamente vinculada a multitud de enfermedades de carácter crónico como diabetes, obesidad, enfermedades auto-inmunes, enfermedades reumáticas, psoriasis, enfermedades auto-inmunes, cáncer o enfermedades inflamatorias intestinales.

  • Regulación de la flora intestinal. La composición de la dieta puede alterar el equilibrio gastrointestinal.

  • Protección hepática y desintoxicación. Una de las funciones hepáticas más importantes es la de depurar nuestra sangre y neutralizar las sustancias que resulten tóxicas para nuestro organismo. Para mantener el hígado sano es importante una alimentación saludable y evitar todas aquellas sustancias que nuestro cuerpo no reconoce como propias y puedan estar saturando el hígado.


¿EN QUÉ CONSISTE UNA EVALUACIÓN NUTRICIONAL?


  1. Historia clínica: Evaluación de los antecedentes personales y familiares de enfermedades actuales y pasadas, cirugías, uso de fármacos, consumo de tabaco, alcohol y drogas, alergia, hábitos generales y actividad física.

  2. Historial nutricional: Se indaga sobre los objetivos de tratamiento, pesos máximos y mínimos, fluctuaciones, historia de manejo anterior de peso con profesionales y el uso de fármacos reguladores del apetito o ansiedad. Luego, se recopila información para entender los hábitos alimenticios del paciente.

  3. Informe psicosocial: Se analiza el contexto familiar, social y laboral, especificando horarios, quien compra, quien cocina y cómo cocina.

  4. Antropometría: Consiste en la medición de estatura, peso, IMC, circunferencia abdominal y bioimpedanciometría.

  5. Solicitud de exámenes de laboratorio, la cual se hace de forma dirigida según los resultados de las fases anteriores.


Es importante entender que cualquier tipo de terapia o tratamiento nutricional conlleva esfuerzo y constancia, debemos seguir la estrategia que se nos indique y completar nuestros tratamientos de suplementos para ver resultados.

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